viernes, 22 de enero de 2021

DECONSTRUCCION - LA VIDA - EL JUEGO

El juego

 En el primer discurso, De las tres transformaciones, Zaratustra nos dice que el ser humano pasa por tres etapas, primero fue camello, después león, para luego ser niñx. El camello lleva la carga de lo moral y del mandato, es haber soportado el peso del deber ser, pero al apropiarnos de nosotros mismos, al sentir que podemos ser amxs nuestrxs, convirtiéndonos en león, nos atraviesa la necesidad del poder, no importa cual, ni cuan grande sea, el sentido es dominar a alguien, en sentirnos fuertes, hasta que se devendrá en niñx, y el niñx es creación, es la figura de la contingencia, básicamente porque juega, es libre porta suelta, es libre porque olvida, entra y sale permanentemente porque jugar forma parte de su cotidianeidad, el hábil ejercicio con pluriactividad y poder de síntesis, debería ser ejemplo y no desacreditación. Para un niñx una cosa no es una cosa, es también muchas cosas. El adultocentrismo piensa a la niñez carente, por no tener voz, poco seria. La vida es monocromática, el juego recupera los colores y abre infinitas posibilidades, donde lxs derrotadxs de siempre (algunas veces) ganan, donde hay milagros. Deconstruyamos la idea de seriedad, de solemnidad, porque esa solemnidad no es tomarse las cosas enserio, es impostar una seriedad, porque tomarse las cosas enserio es recuperar la seriedad con la que jugábamos de niñxs, ya que la seriedad no tiene que ver con la rigidez de ser parte de la Matrix, es hacer explotar la Matrix.

Si nos detenemos a pensar, la niñez nos formatea, lo que nos pasa tiene que ver con lo vivido en la niñez, obviamente resignificado. Crecer es recuperar la seriedad con la que jugábamos de niñxs y así entenderemos que el amor es el efecto del juego de otrx.

Desde infantx (carente de voz), al ya sos adultx, proveedor unx carente otrx y a la vejez (sobrante desechable), hay que deconstruir el adultocentrismo.

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viernes, 15 de enero de 2021

Ley N° 27.610 de IVE - Ley 27.611 de los Mil Días


Oficializaron la promulgación de las leyes de interrupción voluntaria del embarazo y del Plan Mil Días


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domingo, 10 de enero de 2021

María Sarkis Yazbek Murad Murad de Murad LA OBEDIENCIA

La obediencia.

Escribo y mi memoria revive los relatos de tantas historias que fueron moldeando una parte importante de mí historia…

Trataré de que las palabras sean guiadas por mis sentimientos, me dejaré llevar por ese enorme deseo que me impulsa a escribir esta historia.

El Líbano está dividido en gobernaciones, una de ellas es la Gobernación del Norte, que a su vez se divide en distritos. Batrún es el que me ocupa y más puntualmente el pueblo de Tannurín y la aldea de Shatín. El distrito de Batrún es notable entre otras cosas por sus bosques de cedros que se alzan en las colinas de Tannurín, que es uno de los principales centros urbanos del distrito; siendo Shatín una de las aldeas destacadas de Tannurín.

Vivía en Shatín…

Su linaje paterno era Sarkis Murad y materno Yazbek Murad.

 La propiedad, la posesión de tierras de cultivos y de rebaños, aparejan la necesidad de una mano de obra extra para trabajar en la unidad productiva familiar, producción ésta que exige a la mujer un mayor compromiso y fidelidad, que la enfoca como productora de hijos para así tener más mano de obra, que provocaría más excedentes y más posesiones, lográndose un mayor estatus en la comunidad.

La vida transcurría amorosamente en familia. Cultivaban su tierra y criaban algunos animales. Todos aportaban lo suyo, todos colaboraban, todos tenían sus sueños…, pero María, fiel poseedora del ADN Yazbek corriendo por sus venas, de piel muy blanca, de mirada penetrante y cabellos muy finos y lacios que sostenía con dos peinetas y cubría con un gran pañuelo, siempre destacaba por ser quien más aportaba al diálogo, quien más preguntaba, quien más habida de conocimiento y saber demostraba, cuestionadora hasta entender y defensora de la justicia, la lealtad y la sensatez, despierta ante cualquier situación y dispuesta a aprender iba imaginando y tejiendo el futuro. Seguramente abonado por los preceptos de esa cultura que envolvía cobijando, a veces, y otras asfixiando. Y es esto último lo que ocurrió ese día en el que corría en la siembra jugando con el nuevo integrante de la familia, un cachorro que apenas tenía menos de un año…

Pensemos en una administración semi autónoma donde la división del poder entre diferentes confesiones religiosas ha creado un sistema discriminatorio, regulado por leyes que tratan de manera diferente a chiíes y cristianos, hombres y mujeres. Las leyes religiosas gobiernan los asuntos civiles, marcando un alto nivel de discriminación con mayor impacto negativo en las mujeres, ya que sus libertades son limitadas y sus derechos están subordinados a los de los hombres. La familia patriarcal expresaba y generaba constantemente sus normas y valores. Hay quienes sostiene que el amor romántico es un claro mecanismo de control ideológico para que las mujeres no piensen en su propia felicidad ni en su propia realización, reduciendo así su expectativa de vida en el “amor” de un hombre “idealizado”, lográndose que no tomen conciencia de la esclavitud sexual/afectiva/reproductiva sufridas en el matrimonio patriarcal. He aquí a la violencia ejerciendo su más perverso mecanismo.

Esa vida armoniosa en familia se detendría ante la repentina llegada de Jorge Antonio, hijo de Antonio Murad, pariente de José Sarkis también Murad, del pueblo vecino de Tannurín, en edad de matrimonio y decidido ya de quien era la elegida. La elección no es al azar, se trata de una decisión conveniente a los intereses del hombre, generalmente consensuada por su padre, aunque no siempre con su futuro suegro, a no ser que fuese un pacto preexistente entre los patriarcas de ambas familias.

Por lo que recuerdo de sus dichos, dos eran las costumbres aceptadas para que un matrimonio sea legítimo. El pactado con el consentimiento o el rapto, que fuerza el consentimiento para no caer en deshonra. En el primer caso el pacto, compromiso de palabra, sucede cuando los mayores lo ejercen o cuando el hombre en edad de matrimonio visita la casa de la elegida, siendo ese gesto prueba fehaciente. En el segundo caso el hecho se consumaba con o sin el consentimiento de la mujer, pero no siempre con el de sus padres, a quienes se les comunicaría después.

Entiéndase en ese contexto a la mujer, que solo debía callar, obedecer y aceptar, ni más ni menos, y allí María, presa de esos mandatos, con los que  no se llevaba, pero debía estar orgullosa por ser la elegida, y complaciente ante la mirada de los otros que festejaban, provocando un choque entre el desasosiego y los preceptos, una realidad paralela comenzaba a crearse, para caminar la faz y la sombra de una mujer, que debe mitigar su dolor tratando de transformarlo día a día, para poder soportar la vida que el destino de esa realidad paralela le acaba de entregar, como título de propiedad de su nuevo horizonte.

Luego de una corta charla entre los hombres, José, hijo de Sarkis, patriarca del clan de Shatín y Jorge Antonio, hijo de Antonio Murad, patriarca del clan de Tannurín, el pedido fue concedido, sin consultar a la mujer, a quien se ignoró sin importar sus sentimientos. Aquí es donde la ignorancia muestra su cara de inocencia, imposibilitada a la rebelión y sometida, sin la mínima malicia posible que desviara ese destino que encajaba en su talla cual minucioso trabajo de sastrería. No puede decir que se tratara de algo impensado, ya que era costumbre y como tal, era ley. Un frío helado paralizó a las hermanas y un fuego hizo hervir su sangre, la elección fue aceptada pese a la desazón de ambas, que a hurtadillas intercambiaron miradas de complicidad, de desamparo, impotencia, angustia y tristeza. La elegida fue María, no Hanan, su hermana, y así ocurrió, sin importar el deseo, el amor. Eso estaba vedado ante los ojos de los otros. Eso se sufriría en silencio, en la soledad más sola y única, allí donde los otros no transitaban, donde la realidad del destino venía impuesta por la repetición de las costumbres, por la imposición. Allí donde lagrimas amargas y de desasosiego regaban ríos de desgarro inapelable. Allí donde su Dios se convertía en un desconocido perdido en la multitud de dudas. Mientras los unos brindaban, las otras lloraban. Al día siguiente perturbada y abatida por la impotencia del mandato que la paralizaba, forcejea y logra desconectar con la intención de provocar una falla que le vuelva la cordura a su mundo, que devuelva la paz a su corazón y la felicidad al de su hermana, corre en busca de su tío el párroco, corre, corre, corre hasta llegar al recodo del sendero, donde tropieza con un peregrino que la ve agitada, como desesperada, tratando de librarse de un tornado, le ofrece ayuda, se miran, la toma de la mano y con voz calma le reza: inútil es que busques refugio distinto al que esta marcado, vuelve, ve y cumple con tu destino, eres fuerte y sabrás torcerlo; y así fue, sin darse cuenta retomó el camino a casa y el peregrino se perdió en su conciencia.

Corría el año 1910.

Vuelta a conectar ella partió, llevándose solo el deseo de Hanan, su hermana, en el corazón. No había otra cosa que la hiciera sufrir más que el sentir traicionarla, porque eso sentía. No se supo nunca cuánto duró ese sentimiento, si es que en algún momento logro dejarlo en el olvido de los recuerdos dolorosos de la vida.

No siempre la vida juega esta mala pasada en complicidad de un destino cuyo poder, supuestamente, guía la vida humana, cercenando el libre albedrío. Si leemos acerca del “destino” en la religión, veremos que es un plan no modificable, pergeñado por dios, aunque confronta con la idea, también religiosa, de que existe la libertad, el libre albedrío que asemeja a ambos, hombre a dios; y si lo hacemos en la filosofía, vemos que lo relaciona a la teoría de la causalidad, lo que ocurre es porque hay una causa que lo provoca, y en el medio de toda esta maraña de retórica, María. Si se entiende al “destino” como una sucesión inevitable de acontecimientos de la que ninguna persona puede escapar, estaríamos afirmando que el estar conectados o no a la “Matrix”, dependería de un orden establecido, y bien sabido esta que, una mínima falla en el sistema hará que la realidad paralela confronte y haga trizas al espejo que la sostiene. María jugó esa dualidad de salir por momentos, pero volver a entrar por mandato, por ese constante mandamiento que se le había agregado a sus tablas, que le rezaba y al que rezaba, intentando alivio que abonara sus esperanzas.

Desde mí y con el poder que me confiere la libertad, que a simple vista me dispensan los afectos, yendo y viniendo en el relato de esta historia, me adelanto en el tiempo y veo, tengo claro su rostro de mujer de mirada profunda, que registra cada cuadro de lo que mira antes de decir, una mirada transparente que también deja leer a quien la mira y ve. Reflexiva, solidaria, aunque determinante y clara en sus convicciones. Solía hacerme comentarios de esos registros, en cualquier situación que nos encontrara juntos, sus ojos me expresaban lo que ella veía en ese momento, un dialogo que fue perfeccionándose con el paso del tiempo, miradas cómplices que permitían actuar en consecuencia o poder entender ciertos comportamientos refractarios al afuera, a los otros. Su cara ayudaba a entender sus estados, su piel blanca y sus arrugas daban cuenta su carácter, era junto a sus manos y su postura erguida, la manera en que María se plantaba ante el mundo. Sus manos, herencia de la que me hago cargo, tenían un registro minucioso y muy marcado de su historia, verlas era la viva demostración de pertenencia a esa mujer, cuyo día a día desde esa Shatín natal, le cobraría sus horas vividas con cada uno de sus minutos, como tratando de forjar en ella un anuario de cuentas de carozos de aceituna, que con dedicación había tejido y transformado en rosario, su arma, de la que no despegaba y la fortalecía cuando necesariamente desconectaba para hacer valer sus convicciones, diariamente a las 04am en la oscuridad de su cuarto y en el abrazo de su lecho con edredón de plumas cubierto en cuero de guanaco, rezaba cada cuenta con cada una de las intenciones afectadas, con el detalle más que intencionado, de ser el único momento en el que ella era allí y allá, rezaba en su idioma natal, significando que, como dijo el peregrino, su fortaleza acariciaba su destino. La fe y su fortaleza eran los bastiones en los que ella descansaba en ese caminar la vida, donde irónicamente, pese a su creencia, el mana no le cayó del cielo, debió procurárselo siempre, y siempre con esfuerzos que ella menguaba con su abnegada predica silenciosa o no del rosario, y a medida que cruzaba cuentas, sentía que alimentaba su fortaleza, fortaleza que había flaqueado hoy, pero que necesitaría mañana, porque era un vivir día a día, el futuro era mañana, pero para María, lo importante era eso, tener FE en mañana que ya era bastante.

domingo, 3 de enero de 2021

miércoles, 30 de diciembre de 2020

#EsLey


El aborto seguro, legal y gratuito es ley.
A ello me comprometí que fuera en los días de campaña electoral.
Hoy somos una sociedad mejor que amplía derechos a las mujeres y garantiza la salud pública.
Recuperar el valor de la palabra empeñada. Compromiso de la política.

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sábado, 19 de diciembre de 2020

María Sarkis Yazbek Murad Murad de Murad - EL DESEO

El deseo.

 

¿Cómo poder volcar eso en palabras?

¿Cómo poder escribir sobre la vida de una mujer,

sin desvirtuar ningún minuto de su existencia?

 

Navegando en mi memoria, intento un punto de partida…, y recuerdo lo que he leído al respecto y lo mucho que escuché, pero recuerdo…, la recuerdo a ella sentada en la cocina de la casona que daba al frente de la calle ancha, en ese pueblo perdido, enmarcado entre bardas de lomas bajas y el río y una pampa de pajonales -terreno bajo, anegadizo, cubierto de pajas, carrizales, algunas totoras y otras yerbas que crecen en esos sitios, pero mayormente la llamada “paja brava”-, que lo divide entre el viejo y el nuevo pueblo, antiguo brazo de ese mismo río, la recuerdo pensativa, con la mirada fija y perdida a la vez, mirando en la película de su memoria la historia vivida, la recuerdo volando en sus relatos con expresa intensión de que me suba a ese viaje y entienda cuál era su historia, de la que formo parte, claro!, recuerdo esa cocina con la mesa de madera, igual a la que hoy viste mi comedor, aunque un tanto más chica y gastada por el paso de harinas y masas, las sillas thonet, el aparador, la mesada de cemento gris, la cocina a leña, las ollas y sartenes de hierro y algunas de aluminio, los cubiertos de alpaca la loza francesa e inglesa, de la que aún conservo algunas piezas, recuerdo que en medio de esos momentos compartidos, ella, trataba de dejar algo en mí, algo que en ese tiempo no analizaba, pero hoy puedo decodificar, atesorar y compartir, en perspectiva, le encuentro sentido a comportamientos del grupo de sangre al que pertenezco, un patrón del que no me detendré a desarrollar, ya que la intención es centrarme en ella. Así es como recuerdo interrumpir su relato, corrigiendo su dicción con acento atravesado con los que finalizaba ciertas palabras, recuerdo como con simpleza llana pero con convicción y sin rodeos, me participaba y haciéndolo revivían sus recuerdos, a los que yo registraba con interés y ganas de más, deseando que esa historia pasara a pertenecerme como legado transicional, un interés que de a poco fui complementando con la lectura, recordando al heredero de Fenicia y la histórica convivencia de comunidades cristianas y musulmanas, drusas y ateas, entre dos cadenas montañosas, la oriental y la occidental, como el portal que une la meseta en oriente con occidente. Ocupado por el Imperio Otomano en el siglo XVI, el Principado libanés se configura como provincia semiautónoma en el seno de éste, teniendo en cuenta que el territorio sirio, al que históricamente había pertenecido Monte Líbano, pasó a formar parte del Imperio Otomano en 1516, tras la derrota de los mamelucos ante los turcos, y lo seguiría siendo hasta la caída del Imperio en 1918 cuando este se derrumbó al final de la primera guerra mundial.

Visto a la distancia, ese relato de un cuento -que no era tal- nítido, panorámico, noble y tejido en secuencias en las que entendí y sentí como vívido, como cuando nos sumergimos en una historia que cuadro tras cuadro nos involucra, nos mimetiza y nos refleja, hasta que la repetimos como propia; porque así tejía María, luego de hilar los vellones que con su huso convertía en finas hebras, y lo hacía en todo momento, en su casa, en el campo, o donde fuera, llevando ese huso que su padre le había fabricado artesanalmente con una vara de cedro, tallada y trabajada con esmero, imitando a la de su esposa y a la de su madre, como en un ritual generacional, el mismo ritual que aplicaba su hija imitando lo que aprendiera de su madre y su abuela, todo trabajo, toda dedicación y empeño, hora tras horas de ver como su huso giraba y giraba convirtiendo la madeja en ovillo y este en tejido, haciéndolo a esa altura de manera mecánica, pero con una sincronización  admirable, mientras acompañaba a su hermano a pastorear el ganado en la ladera de la montaña, donde se daban los pastos tiernos y los retoños del monte achaparrado; es así que aún en sueños, logré recorrer esa tierra que me llevó a las cascadas, la piedra caliza, los infinitos cedros, las laderas áridas  con arbustos bajos, las laderas escalonadas naturales o las trabajadas para la siembra, esa tierra que permite la filtración de las aguas y la erosión intensa que han formado profundas gargantas a lo largo del tiempo, las milenarias cuevas con sus infinitas leyendas, las casas de piedra y los establos, sentir la brisa y el crujir de las añosas ramas de cedros, el olor a pasto, a piñones tostados, a pan ácimo, a azahares y los gritos de montaña a montaña que replicaban con sus musicales ecos; los mismos sueños que hilaban a esa niña jugando y descubriendo, mientras su madre recogía bayas comestibles en una cesta que su abuela le había tejido hacía unos años y aún conservaba, soñaba por las noches las historias que tejía de día, agregando cada vez más recursos, algunos producto de sus fantasías de niña y otros basados en los cuentos que le relataban sus padres, en los que creía y hacía suyos, relatándolos a su manera con agregados con tal de dar carta franca a sus deseos, ella misma decía haber sido una niña amada y protegida, con una especial atención por lo espiritual, que influenciaba en ella como mandato irrefutable.

Pienso en su coherencia de vida, sea cual fuere el momento que le tocó vivir.

Recuerdo que sus historias eran un derrotero de letras puesto en palabras, una catarata que traía todos los años pasados, me contaba que la economía de la zona se basaba en el pastoreo, la sericicultura, el cultivo de la vid y el olivo, como así las hortalizas y árboles frutales en esas laderas y terrazas de pequeño tamaño. También recordé que decía ser feliz, pese a lo austero, lo simple los hacía felices, ya que en ese momento no había zozobra en su hogar, ella tallaba su mundo sobre un fino cristal de nobleza, tan fino como el ala de una mariposa y tan sonoro como el rugir de un puma en la montaña, sus fantasías y sus ilusiones no eran muy diferentes, ya que pese a su gran interés, sus conocimientos eran limitados, más por los mandatos que por sus deseos, pero sin importarle lo que dirían los demás, siempre apeló a la buena voluntad de su madre en intentar responder sus dudas,  porque era remoto el contacto con el afuera, con quienes no vivían la montaña, solo los diferenciaban los dialectos y alguna que otra costumbre que terminarían compartiendo. No había fugas en el sistema, solo alguna que otra suba de tensión, provocada por quienes habían despertado a la realidad de ver una conexión forzada, que los mantenía presos del poder de la Gran Puerta, y María era una de las que sostenían con coherencia cuestionar al sistema, logrando mínimas desconexiones, probando que un mundo dominado por ataduras falsas los mantendría postrados y que necesitaban dar voz a lo que sus cuerpos dolían, ser ellos mismos.  Eran tiempos en los que la ignorancia convivía con lo moral y no con lo intelectual, un concepto más religioso del desconocimiento y de la credulidad, en la mayoría de los casos, como consecuencia. Aunque hurgando puedo entender que pese a todo lo primitivo, había momentos de respiro, no de malicia ni de premeditación, sino simplemente por saber solo lo que se sabe. Ellos labraban la tierra, sembraban, cosechaban y manufacturaban los alimentos, todo y pese a todo, bajo un único denominador común que era su fe que obviamente confrontaba con más de un momento de su realidad. Era cuando razonaba sin desconectar, o sea tomada por los mandatos, cuya mezcla convulsionaba y eclosionaba simultáneamente, porque ser como se era y pertenecer a donde pertenecía, saber por experiencia vivida lo que sabía, se supondría le daba pruebas como para cuestionar mínimamente a su iglesia, a su Patriarca, que obscenamente y con opulencia y posición, marcaba la diferencia, más allá que María, por ascendencia materna (Yazbek) sabía que por sus venas corría sangre noble.

La religión era la razón desde donde se entendían todas las cosas. Un sitio que tiene la sociedad más religiosamente diversa de todos los estados de oriente próximo, una religión que como tal se basaba en preceptos con denominadores comunes: el miedo, la culpa, el pecado y el perdón. Seas maronitas, drusos, griegos-ortodoxos, chiíes, suníes o griegos-católicos que figuran como miembros de comunidades diferentes, seas musulmán o creas en lo que sea, siempre estarán presentes esos arbitrarios preceptos que sometían sin distinción de clases, aunque sí normalizaban en cuanto a distinción de género, dando poder a esos preceptos, que aun a los ateos les aplicaban las “generales de la ley”. Se debe tener en claro que, desde los matrimonios a la mayoría de los contratos de convivencia urbana, estaban basados en preceptos religiosos.

Si digo que la distinción de género hacía la diferencia, es porque la mujer, casi una posesión, para no ser tan crudo y afirmar que lo es, debe respetar la palabra de los hombres y someterse a sus designios; y ni hablar si tenemos en cuenta a qué clase social aplica.  La clase no es una construcción aparte del género, sino que más bien la clase se expresa en términos de género. Violencia por donde se lo mire. Una mujer de clase alta o acomodada lograba ejercer un poder que no se mostraba al afuera, pero que tenía todo el peso del mando, a quien se obedecía mas allá de sus ovarios. Si por el contrario no tenía esa fortuna de dote, su porvenir era otro y dependía de distintos factores… Violencia en un escalón más arriba. En sus comienzos las diferencias de clases estaban expresadas y constituidas en función de las relaciones patriarcales. Entiéndase que pese lo dicho, las mujeres conservaban su poder de elección y actuación, en un grado más limitado que los hombres de su entorno; aunque ellas hasta hoy siguen teniendo menos libertad que los hombres ya que uno de los aspectos, como es la sexualidad, la controlan otros, son reprimidas psicológicamente con el agravante de estar en desventajas físicas. Desde siempre, las mujeres y sobre todo como María, hija de José, nieta de Sarkis, han luchado por esa opresión. Insistiré en dos conceptos recurrentes como son la ignorancia y la convicción. Ambos pudieron convivir en ella y ser parte de su personalidad y ni una opacó a la otra ante la posibilidad de un quiebre, sino que, por el contrario, ambas fueron aliadas en ese trabajo de transitar para no ser presa del poder. Herramientas simples hicieron posibles comportamientos inesperados.

Convengamos, lamentablemente que, el sistema patriarcal solo puede funcionar gracias a la cooperación de las mujeres y sobrados son los ejemplos que tendríamos para aportar al respecto, vengamos al hoy y podemos ver que sin ponerse coloradas, existen hordas defensoras de un patriarcado perverso, asociado a preceptos, básicamente religiosos que mediante la culpa manipulan perversamente los cuerpos y las conciencias, basados en géneros, privaciones, prohibiciones, divisiones, represiones, discriminaciones, poder y recompensas. Una forma de patriarcado a la que podríamos definir como dominación paternalista, allí donde la dominación queda mitigada por las obligaciones mutuas y los recíprocos deberes, el trueque entre protección por sumisión, manutención por trabajo “free”, donde no son iguales las responsabilidades y hay inequidad. Esa dominación patriarcal en el caso de los varones es temporal, mientras que en las mujeres es para toda la vida, se trata de un contrato tácito que perdura, aun sea el caso en que la parte masculina lo viole incumpliéndolo. Insisto, hay quienes a pesar de las pruebas intentan defender que no se cosifica a la mujer, si, por cierto, a su sexualidad y su capacidad de reproducción. A rigor de verdad y quitando eufemismos, debemos afirmar que, por el contrario, se la “re cosifica” en todos y cada uno de los términos a los que se alude para definirla.

También en ese contexto “pasaban cosas” y recuerdo haber leído que, en 1856 un Edicto Imperial reconoce la igualdad de todos los ciudadanos otomanos, independientemente de su religión y concede a los ciudadanos los derechos humanos fundamentales y las libertades personales y públicas por primera vez. Pero la guerra civil de 1860 impulsó a los franceses a desembarcar sus tropas e intervenir para proteger a los cristianos maronita (religión que ella profesaba fervientemente) y al reino de la Gran Bretaña en nombre de los drusos, después de las masacres en las que murieron más de 12.000 cristianos.

El Monte Líbano se separó preliminarmente de Siria y fue reunido como una Administración cristiana, no una gobernación, designada por el sultán otomano. A raíz de eso Monte Líbano se convierte en una Administración semiautónoma, donde el Administrador debía ser asistido por un consejo de las diversas comunidades religiosas. Cada uno de los seis grupos religiosos que habitaban el Líbano (maronitas, drusos, sunitas, chiitas, ortodoxos griegos y melquitas) elegía a dos miembros para el consejo.

 

Pero la historia es la historia y no es mi intención manipularla ni desvirtuar su curso, ni navegar en aguas que no domino, solo intento contextualizar ésta en tiempo y espacio.

martes, 15 de diciembre de 2020

Morad - Normal (video oficial) COVID-19 VACUNA


La vacuna es una gran esperanza, pero no es una solución mágica, si crees que podrás abandonar el barbijo de inmediato, ver a todos tus afectos o viajar, ten en cuenta que médicos especialistas advierten que de hecho, la vida no volverá a la "normalidad" de un día para el otro.

Después de recibir la vacuna, es necesario mantener el aislamiento social en casa, esperar la segunda dosis y luego mínimamente 15 días para que la vacuna alcance el nivel de efectividad. Incluso después, es necesario esperar a que una buena parte de la población ya esté inmunizada para que la vida intente retomar su curso "normal".

jueves, 10 de diciembre de 2020

Día Internacional de los Derechos Humanos. Decálogo.



En 1948 la Asamblea General de las Naciones Unidas proclamó una declaración que
reconoce los derechos esenciales de la humanidad, un documento histórico que proclamó los derechos inalienables inherentes "a todos los seres humanos, sin importar su raza, color, religión, sexo, idioma, opiniones políticas o de otra índole, origen nacional o social, propiedades, lugar de nacimiento, ni ninguna otra condición".
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