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miércoles, 12 de mayo de 2021
LA MATRIX EN TIEMPO REAL
lunes, 10 de mayo de 2021
María Sarkis Yazbek Murad Murad de Murad - EL DESTIERRO
El
destierro.
Los jóvenes
turcos, en alianza con otras fuerzas y fogueados por occidente, principalmente Francia
y Gran Bretaña, cuyos intereses económicos y comerciales eran más que evidentes,
logran cambiar sultanes como figuritas, restituir un parlamento que operara a
su antojo y a medida que se lían al “poder” son fagocitados por éste y terminan
haciendo terribles atrocidades y desigualdades peores a las que supuestamente fueron
a combatir. Nacen como revolucionarios que quieren cambiar el sistema, la
desigualdad los agobia, las injusticias los abonan a luchar, pero cuando uno de
los pueblos del imperio alza sus voces, porque no ve nada de eso, sino lo contrario,
ocurre lo que aún hoy el mundo repudia. Las fisuras del imperio promovieron una
fuerte propaganda a la que estratégicamente intentaron sembrar en todo el territorio.
Lisa y llanamente una “operación” orquestada a sangre fría, un comportamiento
canalla, una fake news que recaía sobre el pueblo armenio.
María
fue testigo del destierro armenio, de lo peor que un ser humano puede hacer a otro,
en pleno día, a vistas de todos, de muchos que acobijan, los menos, los pobres,
como siempre; mientras que los muchos, los amigos de ese “poder” miran para
otro lado, son tibios en sus comportamientos, aunque inexcusable en sus actitudes.
Se sintió desterrada en su propia tierra viviendo el mismo destino que ellos,
pero también tendió su mano acobijando y ayudando a los desterrados peregrinos
que de a miles llegaban a sus tierras. Todo eso lo vivió sin ser invitada a ver,
claro, era en esos momentos en los que estaba liberada, cuando podía ver a los demás
conectados y sincronizados a un ritmo de relojería, ahí cuando se encontraban el
destino y su libre albedrío, cuando las pequeñas fichas de libertad eran pocas,
muy escazas, solo usables por ellas, ya que sus baterías no soportarían otro despliegue,
y lo sabía, lo aprovechaba y decodificaba, para intentar luego poner en
palabras esa vivencia. En esos caminos rocosos y de laderas de piedra caliza o
de montes achaparrados los vio, en los despeñaderos los vio, a la vera de los
senderos que bajan al valle los vio, apilados como NN los vio y ayudó en lo que
pudo y compartió con esos peregrinos forzados a caminar su tierra, huyendo del horror y el espanto, huyendo de la muerte
segura, dejando su tierra, desmembrada su familia, modificada su historia por
la decisión de un destino manipulado por otros, que será su destino de ahora en
más, pero con la impotencia de no creerse merecedores de ese castigo, donde la
falla de la máquina dio mayor potencia al desarrollo y canceló las claves de acceso a la libertad, allí donde xi desnivela
todas las fuerzas y erosiona cualquier posibilidad. La hipocresía vuelve y se
deja ver, pero no logra opacar el olor a muerte injusta. La marcha forzada de
los armenios por cientos de kilómetros, que atravesó zonas desérticas, provocó que
la mayor parte de los deportados pereciera víctima del hambre, la sed, las enfermedades
y las privaciones. Los supervivientes que no lograban esconderse, acogidos por
ejemplo por campesinos libaneses, eran robados y violados por los gendarmes que
debían protegerlos, con frecuencia acompañados por bandas de asesinos y oportunistas,
honrando a ese pueblo, a esas vidas vio, fue presencia entre tanta ausencia, lo
que suponía protección vio tornarse en indiferencia, en una ambigüedad favoreciendo
al más fuerte y nuevamente debe regresar y conectarse, seguía creyendo en el
mandato, nunca lograría decodificarlo.
Sabido
es que esos fueron tiempos difíciles para ella también. Su apariencia no era la misma, sus rasgos
marcados daban cuenta de una falta de foco entre lo cronológico y lo visual,
era muy joven con aspecto de mayor, de haber corrido y en la carrera acelerado
las agujas del tiempo, corría su cuerpo, pero no su mente, corría su necesidad,
pero no su posibilidad, corría su deseo, pero no su suerte, un correr espantado
por el hambre, premura, pensando en su hija, su familia, pero también ante la
injusticia a la que no podía enfrentar, aun quisiera, porque no contaba con la
astucia y la malicia de un veneno que se infiltraba por las fisuras más inesperadas
de una sociedad corrompida por la ignorancia aprovechada, por la seducción atrevida
de gobernantes o poderosos dispuestos a entregar su alma al diablo a cambio de
la vida eterna, ignorando ellos que su ignorancia, mezcla de paganos infieles
devenidos en creyentes inmorales, los hacia presas del poder supremo regente en
la Gran Puerta. Los sultanes aprovecharían esas pociones venenosas como
herramienta, sin tener la necesidad de exponer demasiado poderío bélico, sin
mostrar sus tropas, solo mandando algunos infiltrados que motivaban escaramuzas
en el pueblo escéptico. María, en sus días de trabajar en tierras sirias,
también pertenecientes a los dominios de la Gran Puerta, se fue enterando de
esas practicas ejercidas ante la mirada de un pueblo que desconocía lo
significante que puede ser leer entre líneas, pero claro, la ignorancia no es
maestra de interpretaciones sutiles y tampoco significa que María tuviese acceso
a los expedientes para poder juzgar tamañas mendicidades, ella simplemente
actuaba bajo los efectos del sentido común, era simple.
miércoles, 5 de mayo de 2021
DISCULPAS VERSUS PERDON
DISCULPA
Interesante
respuesta a ciertos actos, si los hay.
Usar excesivamente la palabra “perdón” casi como
muletilla tiene múltiples aristas. Bastante común es cuando se lo hace como una
manera de demostrar humildad, de evitar un conflicto o de poner fin al mismo rápidamente,
transformándose en una expresión básica o reiterada en el vocabulario de la persona.
Debería replantearse cuándo, por qué y cómo pedir disculpas, con el
convencimiento de deconstruir el mandato y erradicar la palabra “perdón” del
vocabulario diario o al menos utilizarla lo menos posible. El hombre es un animal
de costumbres jeje. Si es un “caballito
de batalla”, se perderá el significado y el poder de las disculpas sinceras,
que dejarán de cotizar en bolsa (para los más creyentes) o no convocara a
ningún meeting (para los más agnósticos), en otras palabras, decir demasiadas
veces “lo siento”, hace que el acto de disculpas cada vez tenga menos peso. Corolario,
guardar las disculpas para cuando sea realmente necesario, si es que la
gravedad del hecho lo permite, obviamente.
Si vamos por la negativa, se devalúa el
propósito de la disculpa, se devalúa uno mismo, cuando decimos “perdón” con
demasiada facilidad; cuando se utiliza para zafar tratando de solucionar situaciones,
pero no resuelve los conflictos; o cuando al hacerlo muchas veces termina
afectando la auto estima y la autopercepción de las situaciones, entre otras.
sábado, 1 de mayo de 2021
martes, 27 de abril de 2021
JUICIO DE VALOR Y PREJUICIO
OPINIÓN
Pese
al paradójico juicio que se tiene sobre los “prejuicios”, la gente tiende a
juzgar inconscientemente un cierto patrón de actitudes o inclinaciones de las
personas.
El
abordaje “personal”, obviamente “subjetivo”, forma opinión.
Opinión
que habla más sobre el sujeto que la emite, que sobre el abordado, a quien se cuestiona,
a quien se está evaluando, concluyendo en una aprobación o desaprobación; por cierto,
sesgada por los mandatos no deconstruidos de quien yerra (por desconocimiento,
mala fe, o simplemente por no entender que hay “límites a respetar”, que hay un
Otro al que no se debe ignorar). El juicio de valor es un arma muy peligrosa;
ya decir que es un arma denota el rango conductual del potencial portador. Ese
juicio estimativo se basa, compara y concluye con la propia información que
posee, calificando e interpretando a su antojo.
Se
entiende claramente que la afectación es, directamente proporcional a los
valores del juzgante. Por tanto, si quien es juzgado no toma conciencia y pone
los límites claros, es potencial objeto de manoseo afectivo-intelectual, asumiendo
su cosificación ante la manipulación. Más allá de sus convicciones, el juzgado,
incorporará vivencias de la historia del juzgante, que lo ayudaran a
fundamentar y sostener esos límites.
En
algunos casos quien emite opinión esta tan captado por su valoración que ante
un quiebre, trata de interpretarlo sin hacerse para nada cargo del mismo, sino
que por el contrario trata en todo momento de justificar su comportamiento,
apelando a respuestas fáciles y a comparaciones imposibles o como mínimo
absurdas. Se victimiza, confundiendo un juicio de hecho objetivo con un juicio
de valor subjetivo (léase: no haber entendido nada de por dónde van los
vínculos, logrando de esa manera posicionarse en el lugar equivocado del
feedback). Vive poniéndole etiquetas, calificaciones y juicios a casi todas las
cosas. Lo hace en forma automática consigo mismo y con los demás, pero se debe
diferenciar entre los hechos, un evento cualquiera que se percibirá objetivamente
sin la intervención de quien lo percibe; las interpretaciones, donde aparece la
distorsión, ya que el sujeto capta y filtra ese hecho cualquiera, lo traduce e
interpreta según sus códigos de vida, sus mandatos y sus experiencias pasadas,
no habiendo neutralidad, sino que se encuentra condimentado de sus propias
consideraciones, valores, creencias y opiniones: siendo justo en este punto
donde aparecen los juicios, o sea la interpretación valorativa acerca de algo,
donde se asume una postura de calificar o descalificar, funcionando como un
procesador de la información que termina distorsionando la realidad. No se
trata del hecho en sí mismo, sino que se basa en la configuración propia de esa
persona, en como está formateada, interpretando lo que la persona piensa que es
ese hecho de acuerdo con su propio ombligo (disculpas por la vulgaridad).
Un
juicio de valor: como me gusta o no, está bien o no, debería ser así o asao,
puedo o no, etc., posiciona a alguien en una “falsa situación de poder” donde “piensa”
que puede cambiar o modificar el curso de las cosas.
viernes, 23 de abril de 2021
LA PALABRA DEVALUADA
PALABRA
No
admite partición. La palabra debe ser la misma en todos los actos, sean estos
grandes o pequeños, notorios como para ser recordados o simples, donde la
valoración será la misma al igual que su cumplimiento.
Si
se parte de esa premisa se entenderán las consecuencias de cumplir con la
palabra, con esa promesa o faltar a la misma, fallando y por ende rompiendo el
contrato de confiabilidad. Siendo así, la palabra, lo más importante que tiene
el ser humano, tanto sea para ejercerla como para cumplirla, poniéndola en
juego en todo momento, para intentar lograr ese ida y vuelta con el Otro y de
esa manera tejer redes. Aunque para alguno las palabras no son más que sonidos
guturales; sin embargo, para otro es la columna vertebral de la vida, donde esta
en juego su honor, su honra y va de suyo su valor como ser capaz de
razonamiento, pensante, humano. La palabra como tal le da significado a la
existencia del hombre. Una persona que no cumple lo que dice, propone o
promete, tampoco lo cumple para sí misma, y consecuentemente si se propone algo
seguramente no lo logre y sus “palabras” dejen de tener “valor”. He aquí lo
importante de “tener palabra”: al decirlo se debe obligar a sí mismo a hacerlo.
El pez por la boca muere. La consecuencia sería la pérdida de confianza del Otro,
el deterioro, el desgaste y la degradación brutal de las relaciones.
jueves, 22 de abril de 2021
domingo, 18 de abril de 2021
María Sarkis Yazbek Murad Murad de Murad - EL RETORNO
Comenzaba
un nuevo capítulo, de una heroína anónima en una guerra que la enfrentó y a la
que aprendió a transitar, sortear y padecer. La guerra envolvió al mundo con un
manto oscuro, de tinieblas y polvo, de sangre y desmembró lo que la creación
había desarrollado como humanidad.
Tomando
coraje se desconecta de esa maraña de temores que la mantenía presa, como a los
otros y se lanza a rodar por algunos senderos conocidos y otros no tanto, para proveer,
aunque más no sea, parte de lo que su entorno necesitaba y día a día se tornaba
más escaso, por el egoísmo de los especuladores que acaparaban o los mandados a
distribuir que haciendo uso de ese poder, comerciaban, enriqueciendo sus arcas
a costilla de la hambruna del pueblo. Vivió y vio hasta lo que nunca hubiera imaginado.
Hizo lo que ninguna mujer haría en esos tiempos y todo con el solo objetivo de
sobrevivir en medio de una locura que la excedía, pero la obligaba sin consentimiento
a ser protagonista, a actuar como pudiera. Fue la autodidactica de su propio camino.
Mutó en su comportamiento para favorecerse, se escabulló, comerció, aprendió cuan
loable puede ser un comportamiento y cuan perverso y egoísta. Se enfrentó a la difamación
de sus pares y al reconocimiento y respeto de los hombres. Fue humilde pero orgulloso
ejemplo de honestidad y comportamiento moral. Una luchadora incansable por la
justicia. ¿Quiénes eran para señalarla? ¿por qué soportar ser prejuzgada? Es que
para la mayoría su comportamiento escapaba a los cánones de una mujer, al
sometimiento y la obediencia, era en esos momentos en los que estaba desconectada
de la máquina, donde recogía en su camino, pedazos sueltos de libertad, para
alimentar sus fuerzas, pero también era presa y sabía que si no volvía a
conectar, el descontrol podría tornarse inmanejable, y tenía claro que su
finitud no podría lidiar con esa fuerza, solo aprovechaba esos planos para tejer
su sabiduría y destejer sus fantasmas.
El
tiempo transcurría dejando huellas imborrables en su corazón, en su personalidad
y en su piel cada vez mas curtida. Los años fueron pasando y el llamado no
llegaba, pero no impidió que desterrara mitos y fantasmas, no se paralizó ante la
impotencia y el sufrimiento, ante la desazón y el mandato. Repito. Aprendió a
transgredir sin que esto significara deshonra, superó los prejuicios y enfrentó
calumnias, no para justificar sus hechos, sino para enseñar su capacidad de batallar
ante tal adversidad. ¿Cual? La de ser mujer.
Como
muchas tuvo que escoger entre vivir una existencia de mujer, con sus alegrías, cotidianeidad,
etc., y vivir una existencia de hombre, a sabiendas que, durante generaciones,
esa elección ha sido cruel y muy costosa. Las religiones asumen que la mujer es
inferior al hombre y es la principal promotora para que ellas acepten como algo
deseable la virginidad, el matrimonio, la heterosexualidad obligatoria, la
reproducción y el maltrato por parte del marido, así como la prohibición del
aborto y el divorcio. Todo un combo aberrante que aun hoy cuesta deconstruir en
su totalidad. Violencia extrema y más violencia. Ella mitigaba ese estatus,
cuando en ese preciso giro, la falla de la máquina liberaba su flujo, volviendo
a conectarla con la realidad, pequeños momentos, pero suficientes para la finitud
de una vida, necesarios para no vivir un tiempo en el que no dejarían leer su historia.
lunes, 12 de abril de 2021
30 SEGUNDOS - LA DESPEDIDA DE UNO ENTRE MILES DE COMPATRIOTAS
La realidad en carne viva de la Covid19
Lunes 12 de abril.
Hospital Italiano.
Cama 1216... zona de trinchera.
“30 segundos”
Busco dejar algo de lo aprendido en estos días de aislamiento, búsqueda de aire, revisión de sentido bajo la pandemia. Algo. Lo que pueda.
Mientras me enfermaba el Covid encontré algo en estas salas, en estos corredores, en la mirada de estas gentes.
Una cultura.
Un pathos.
Una emocionalidad antigua. Comprometida. Algo yaciendo silente, a la par de la ciencia y la tecnología.
Una cultura.
¿Qué significa descubrir una cultura en el Hospital Italiano en medio de un ataque como este?
Mucho.
Significa, contra lo que podría pensarse, que no es el resultado de muchísimas personas. Con roles marcados, tecnicaturas, profesiones, saberes, tecnologías, destrezas.
No. No es sólo eso. Es una matriz acogedora, extraordinariamente cálida y vivificante.
No es una nave científica que va a Marte. No. Esta va a la región más desolada de tu cerebro. Al caldo primordial de donde alguna vez nos arrastramos sin conciencia. Al lugar desde donde nos asusta el final del Covid llevándose nuestro aire.
Va al lado oscuro de tu cerebro para transformarse en una llamita con algo de calor y luz. Una cultura.
Me caí desmayado por la falta de aire y la desesperación y me encontré entrampado entre los muebles de la sala donde terminé. Donde me estrellé en la caída.
Unas manitas de enfermera tiraban de mí, Bibi.
Cuando crees que ya perdiste todo escuchas el braceo enérgico de la que podría ser hasta tu hija llegando a vos.
Braceando como pudo me alcanzó. Me abracé a ella y me di cuenta de que no estaba en un páramo sin vuelta atrás.
Entre todas me acostaron, me calmaron, me dieron su aire.
Una matriz regenerativa que es la que ayuda. Un supraorganismo como un micelio gigante que sustenta, sin que nadie lo vea exactamente, los bosques que lo acompañan.
Una cultura.
Llegué dispuesto a evitar prolongaciones que arañen dos meses más de sobrevida a costa de desesperación.
No rasguñar las piedras para mí.
Bernardo y otros médicos me escucharon. Luego me pusieron una mano en el hombro y se hicieron cargo de mí. No tengo hermanos. Esto ha sido lo más próximo que he descubierto de esa relación.
Me protegió. Llamó todos los días a mi hija que amo y la contuvo. Le explicó. La protegió.
No hay palabras. Es la matriz que regenera. La que de alguna manera cargamos los sapiens cuando nos fuimos de África. Nuestra estrategia. No preguntes por quién doblan las campanas, ya sabemos, suenan por vos y por mí, hermano.
Tuve que partir al servicio de terapia intermedia. Estaba inquieto. Aparecieron kinesiólogos, médicos, enfermeros. El mismo espíritu. Las médicas llamando a mi hija y ayudándola mientras ella me ayudaba a mí.
La matriz regenerativa y matriarcal de la viejísima Europa. Cuando los pueblos como Huyuk no tenían murallas. Los matriarcados de miles de años atrás, que sostenían la cultura. Cuando las culturas matriarcales no habían sido barridas por los caballos de la edad del hierro.
Y de pronto... las manitas de Bibi, el desborde humanista y contenedor de Bernardo, la dulzura de la kinesióloga, la gente que te ayuda de todas las formas porque son una cultura que dice que sos valioso. Seguramente es cierto. Pero es porque te quieren desde lo más básicamente humano.
Una cultura regenerativa que también alcanza a los varones.
Todavía no se como saldré. Y no me preocupa tanto. Y dicho con humildad. En serio. Saldré con paz y con cariño. Está muy bien. Tengo 75 años. ¡Carpe diem para nosotros todavía!
Con estos pensamientos rondando desde hace unos años, muchas veces, me pregunté cómo quería mi salida.
Sólo quiero 30 segundos lúcidos. Para poder evocar a los que quise sin que llegue a atraparme la melancolía.
Me iré bien. Este hospital y su gente estará también en esos 30 segundos. Gracias, gracias, gracias.
Hugo Adolfo Míguez



