miércoles, 12 de enero de 2022

Mielofibrosis

La mielofibrosis es un tipo poco común de cáncer de médula ósea que altera la producción normal de células sanguíneas del cuerpo. La mielofibrosis causa una amplia cicatrización de la médula ósea, que produce anemia grave capaz de provocar debilidad y cansancio.
La mielofibrosis es un trastorno en el que tejido fibroso de la médula ósea reemplaza a las células hematopoyéticas, lo que conlleva la producción de glóbulos rojos de forma anormal, anemia e hipertrofia del bazo.

En una médula ósea normal, unas células llamadas fibroblastos producen tejido fibroso (conjuntivo), que sirve de soporte a las células hematopoyéticas. En la mielofibrosis, los fibroblastos fabrican demasiado tejido fibroso, que desplaza a las células productoras de sangre. Cuando esto ocurre, algunas células productoras de sangre migran desde la médula ósea hasta el bazo y el hígado. Globalmente, la producción de glóbulos rojos decrece y se produce anemia, que cada vez se agrava más.

Además, muchos de estos glóbulos rojos (eritrocitos) son inmaduros o se deforman. También puede haber números variables de plaquetas (trombocitos) y de glóbulos blancos (leucocitos) inmaduros en la sangre. A medida que la mielofibrosis avanza, el número de glóbulos blancos aumenta o disminuye, mientras que el número de plaquetas suele disminuir (trombocitopenia).

Síntomas de la mielofibrosis

La mielofibrosis no suele producir síntomas durante años. Sin embargo, en ocasiones la mielofibrosis progresa rápidamente a anemia, concentraciones bajas de plaquetas en la sangre (trombocitopenia) o leucemia. Con el tiempo, la anemia se vuelve lo bastante grave como para causar debilidad, cansancio, adelgazamiento y un estado de malestar general. Se puede producir fiebre, sudoración nocturna y pérdida de peso. Si el número de glóbulos blancos sanguíneos es menor, el organismo corre riesgo de infecciones, motivo por el cual la persona afectada puede sufrir infecciones con frecuencia. Debido al menor número de plaquetas, existe un riesgo mayor de hemorragias. Las personas con mielofibrosis secundaria también presentan síntomas de cualquier trastorno que haya causado la mielofibrosis.

El hígado y el bazo se agrandan a medida que tratan de hacerse cargo del trabajo de producir células sanguíneas, pero la producción de células sanguíneas en estos órganos es ineficaz y, en su lugar, solo contribuye al agrandamiento del bazo. Estos agrandamientos del hígado y del bazo causan dolor abdominal y provocan el aumento de la presión sanguínea en ciertas venas (hipertensión portal), así como hemorragia de las varices en el esófago (varices esofágicas).

La mielofibrosis maligna (denominada a veces mielofibrosis aguda) es una forma poco frecuente de mielofibrosis en la que las concentraciones de glóbulos rojos (eritrocitos), glóbulos blancos (leucocitos) y plaquetas son bajas. Aumenta el número de ciertos glóbulos blancos inmaduros (células blásticas) en la médula ósea. La mielofibrosis maligna se considera un tipo de leucemia aguda.

Diagnóstico de la mielofibrosis

  • Análisis de sangre

  • Biopsia de médula ósea

  • Prueba genética

La anemia y la observación al microscopio de muestras de sangre que contienen glóbulos rojos deformes e inmaduros indican mielofibrosis. Sin embargo, el diagnóstico se confirma mediante una biopsia de médula ósea. Se realizan pruebas para las mutaciones JAK2, CALR, o MPL. Algunas veces se necesitan otras pruebas para determinar la presencia de otros trastornos sanguíneos, como una leucemia mieloide crónica (LMC) o una mastocitosis.

Pronóstico de la mielofibrosis

Aproximadamente la mitad de las personas con mielofibrosis primaria sobreviven durante más de 5 años, pero la duración de esta supervivencia varía mucho de una persona a otra. Los médicos usan un sistema que asigna valores a varias características del trastorno para ayudar a determinar el pronóstico y guiar las decisiones de tratamiento.

Dado que la mielofibrosis suele progresar lentamente, la expectativa de vida es de 10 años o más, pero el pronóstico lo determina la funcionalidad de la médula ósea. En ocasiones, el trastorno avanza con rapidez. El objetivo del tratamiento consiste en retrasar este avance y prevenir las complicaciones. Sin embargo, solo el trasplante de células madre puede curarlo.

El pronóstico de la mielofibrosis secundaria depende en gran parte del trastorno subyacente. La mielofibrosis que aparece después de una policitemia vera o una trombocitemia esencial acostumbra a tener un mal pronóstico. Se han desarrollado sistemas de puntuación de pronóstico que pueden ayudar a determinar el pronóstico en la mielofibrosis primaria y en la mielofibrosis precedida por policitemia o por trombocitemia esencial.

Tratamiento de la mielofibrosis

  • En ocasiones, trasplante de células madre (progenitoras)

  • A veces, ruxolitinib o fedratinib

El trasplante de células madre (trasplante de médula ósea) se lleva a cabo algunas veces en personas que presentan un riesgo elevado de mielofibrosis primaria (basándose en sus edad, síntomas, recuentos sanguíneos y mutaciones genéticas). Este es el único tratamiento que puede curar la mielofibrosis, aunque también tiene riesgos importantes. El trasplante se recomienda a menudo en el caso de personas más jóvenes que no presentan otros problemas médicos graves y tienen un donante adecuado.

El ruxolitinib es un fármaco que fue desarrollado para inhibir la mutación del gen JAK2 y suele ser el primer tratamiento utilizado. También es eficaz en personas con las mutaciones CALR o MPL porque también activan la enzima JAK2. Es eficaz en la reducción del tamaño del bazo y en el control de los síntomas y puede aumentar la supervivencia global y reducir la tasa de fibrosis, si bien en la mayoría de los casos no revierte la fibrosis existente y puede dar lugar a anemia y a un recuento bajo del número de plaquetas. Los médicos también administran a veces talidomida junto con prednisona, que puede ayudar a mantener el recuento de plaquetas y también a reducir el tamaño del bazo. Fedratinib también inhibe la mutación JAK2 y puede utilizarse como una alternativa a ruxolitinib.

La reducción del tamaño del bazo tiende a aliviar los síntomas. Además de ruxolitinib, la hidroxiurea, un medicamento de quimioterapia (antineoplásico), puede reducir el tamaño del hígado o del bazo, si bien puede empeorar la anemia y reducir el recuento de plaquetas. La radioterapia puede reducir el tamaño del bazo, pero solo tiene un efecto temporal y puede dar lugar a recuentos muy bajos de glóbulos blancos e infección.

En casos contados, el bazo se vuelve demasiado grande y doloroso y es posible que deba extirparse; sin embargo, la extirpación del bazo solo se recomienda si se han intentado otras medidas. No se realiza con frecuencia en personas con mielofibrosis primaria debido a posibles complicaciones como la coagulación de la sangre, la infección y el desplazamiento de la producción de células sanguíneas a otros órganos vitales, como el hígado.

En casi un tercio de los casos de mielofibrosis, la combinación de un andrógeno (un fármaco que produce los mismos efectos que las hormonas del sexo masculino) como el danazol y la prednisona disminuye temporalmente la gravedad de la anemia, pero este tratamiento no suele utilizarse. La eritropoyetina, una hormona que estimula la producción de glóbulos rojos, puede mejorar la anemia pero también causa agrandamiento del bazo. A veces, la eritropoyetina se usa junto con ruxolitinib o fedratinib para prevenir el agrandamiento del bazo. Algunas personas con anemia grave requieren transfusiones de glóbulos rojos.

Se están desarrollando otros medicamentos para tratar la mielofibrosis, por lo que las personas afectadas pueden estar interesadas en participar en un ensayo clínico.

Jane Liesveld 

, MD, James P. Wilmot Cancer Institute, University of Rochester Medical Center

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lunes, 10 de enero de 2022

María Sarkis Yazbek Murad Murad de Murad - EL PODER

Del resto no hablaré, eso podría ser parte de otra historia.

Hay mil anécdotas más por recordar...

Ésta es, a grandes rasgos, la vida de María.

 

 

Haré una mínima descripción del Poder en su tierra natal.

Califato, es la continuidad del sistema religioso establecido por Mahoma, y es también un Estado que implemente este tipo de sistema político.  Según la rama chiíta del islam, el califa debe ser un Imán elegido por Dios. Los seguidores del islam sunita estipulan que, como Jefe de Estado, un califa debe ser elegido por los musulmanes o sus representantes. En términos muchos más elementales, la minoría chiíta prefiere la línea de la sangre, en tanto la mayoría suní opta por las elecciones.

Sultán, el que ejerce el poder, que sería su traducción, tiene sus orígenes en como denominar a los jefes militares en su mayoría turcos, que a su vez ejercían el “poder” de facto en tierras que “nominalmente gobernaba un califa. Es más adelante cuando termina convirtiéndose en “soberano” un título real.

Príncipe, Más allá del impacto que tuvo sobre la estructura sociopolítica del Líbano el sultanato Mameluco, que en sus inicios sirvieron como soldados a las órdenes de distintos califas, los orígenes del llamado Principado se remontan a la época preislámica de la historia árabe.

El Príncipe, es pues el que ordena, el que materializa el poder, el que posee la autoridad. En cualquier caso, el privilegio de la autoridad que llegarían a ejercer los príncipes provenía del propio Sultán.

En la Montaña libanesa, el gobierno central delegaba el poder a un príncipe local, que se encargaba personalmente de la distribución de las tierras entre los “señores feudales” de su distrito. Aunque en teoría sólo se les concedía el usufructo, y de forma vitalicia, en la práctica, los “señores feudales” llegarían a ejercer ese usufructo sobre la tierra y sus administrados como si de un derecho real se tratase, capaz de perpetuarse en línea directa y por orden de primogenitura a su descendencia. Casi calcado a lo que aún hoy, siglo XXI, existe en el Reino Unido, cuyos ciudadanos tienen reconocidos sólo dos formas de propiedad que establece la ley de tierras, herencia directa del feudalismo, el llamado feudo franco y el arriendo (por tiempo limitado), los súbditos son dueños de lo construido, que pueden comprar o vender, pero la tierra (en su mayoría) es propiedad de la corona. Se manejaba con la autonomía otorgada por el imperio, aunque sus funciones reales era ser un recaudador de impuestos, nunca ejerció un principado con legado dinástico. Ese rol de administrador, en su momento lo delegó en el Patriarca, quien se convirtió en un órgano de control y recaudación. El sistema de recaudación de impuestos siempre estuvo orientado a complacer al Sultán.

Patriarca, es, en la estructura de poder, alguien que cumple un rol preponderante, cuya autoridad es entendida según quien lo comente y en qué lado de la historia este parado.  El Patriarca maronita, se distinguía de los demás patriarcas de Oriente por la relación especial que mantenía con el Sultán otomano. antes de entrar en funciones, los patriarcas de las distintas comunidades cristianas tenían que recibir la autorización oficial del Sultán otomano, cuya obtención estaba condicionada por el pago de un tributo destinado a manifestar la fidelidad a la Gran Puerta, todos pagaban un salvoconducto a vivir sin riesgos, dinero que no saldría de sus arcas, sino del sudor del pueblo que, mes a mes y año a año veía subir su canon escandalosamente, para saciar las ansias de los manipuladores del poder, en esa puja de inequidad,  el único jefe religioso que no estaba sometido a esa formalidad era el Patriarca maronita, con un vínculo de promiscuidad manifiesta con el sultanato, que retribuía su fidelidad otorgándole prebendas que alimentaban su ego, promoviendo de esa manera, que su Iglesia maronita se convirtiera en el principal mediador fiscal de la Montaña, que colabora con el Gran Príncipe, es indicativo no sólo de la autonomía fiscal cara a cara del poder otomano regional, sino de la complejidad del entramado de relaciones en el seno del Principado, donde, en lugar de una organización social y política con base en el sistema, que daría lugar a comunidades religiosas fiscalmente autónomas, decimos que fueron cabeza de numerosas familias, obispos de las metrópolis, mandados a manejar distintas jurisdicciones, con injerencia en cuestiones de la fe y mundanas, dependiendo en gran medida al vínculo que lograsen con el Califa, el Sultán o el Príncipe. El Patriarca de Constantinopla se destaca por sobre sus tres compañeros orientales, aunque sujeto al arbitraje del Papa y obispo de Roma, fundado por San Pedro.

Maronita. Al seguir leyendo y poder hilvanar ciertos acontecimientos, logré entender que recién habían transcurrido 635 años de la llamada era cristiana, cuando se produjo la conquista árabe-musulmana del Líbano por el califato omeya, por lo que los maronitas de las áreas costeras y valles se refugiaron en las montañas, allí comprendí las imágenes que ella describía en sus relatos, a donde no llegó la invasión musulmana. Resistieron en esas montañas y fueron conocidos como “rebeldes” por los árabes. Por esos tiempos el patriarcado estaba bacante y recién cuando el califato ortodoxo conquista la ciudad de Constantinopla, comenzó a nombrar una serie de patriarcas. Los maronitas de las montañas del Líbano perdieron todo contacto con esos patriarcas designados por voluntad imperial.

Marón es el nombre del fundador de un movimiento espiritual y monástico, que se mantuvo al margen de la polémica donde la iglesia estaba dividida por cuestiones teológicas referidas a la naturaleza de Jesucristo; ya que unos afirmaban que Jesús era Dios, otros solo reconocían su humanidad; unos veían en él dos voluntades, otros solo una. Las ciudades, las aldeas y hasta las familias estaban atravesadas por esa división. Ella cuenta, que el párroco de su aldea decía, que en ese contexto Marón se va a la montaña, donde vivió toda su vida meditando, predicando y atrayendo a personas que deseaban vivir bajo su guía espiritual, donde formó una comunidad de fieles cristianos que tras su muerte tomaron el nombre de Maronitas. la Iglesia maronita se desarrolla como institución económica alternativa, que mediante sendos contratos de aparcería que garantizaban mejores condiciones de trabajo al campesinado, conseguiría que muchos “sheijs feudales”, tanto drusos y musulmanes como maronitas, donaran sus tierras con el fin de garantizar un beneficio constante del producto de ese terreno, y se convirtieran en los garantes o socios de este. Un muy buen negocio para un muy buen negociador, algo así a los que hoy conocemos como grandes “pool de siembra” o “fondos de inversión” o “un banco”. Mediante aquellos contratos, que venían a definir en términos claros la relación entre la propiedad, el trabajo y la producción. La importancia de la función fiscal de la Iglesia quedaría especialmente patente en el siglo XIX cuando, como consecuencia del aumento considerable de los impuestos que se daría en la Montaña, los agricultores empezarían a reclamar una revisión de las condiciones de la aparcería o asociación. Las autoridades locales intervendrían, mediante la proporción de certificados de propiedad, en la mayoría de los casos a favor de los conventos y de sus activos que se donan, legan o compran para su custodia perpetua. Algo así a lo que hoy es una donación o un pago de favores, ya sea por servicios prestados o simplemente por haber entendido quién ejercía el verdadero “poder” en ese tiempo, donde la corruptela ya era parte en la escena de la historia. La dependencia de las autoridades locales respecto a los conventos, que jugaban un papel de intermediarios en su relación con los campesinos, para la recaudación de los impuestos refleja la complejidad de las relaciones entre los agentes sociales, más allá de las relaciones estrictamente feudales. Hay que entender todo desde ese lugar, donde la religión ejerce un papel preponderante en cualquier toma de decisiones, sean las de ordenador o las de sometimiento a la autoridad, la culpa y el perdón, aplicados estratégicamente, sorteaban los obstáculos provenientes de las masas y promovían un estado de suprema buenaventura para quien ostentaba un poder corruptiblemente desmedido. Luego de pujas de poder, de idas y vueltas, cuando los príncipes oficialmente nombraron al Patriarca maronita como magistrado supremo de su comunidad, no lo restituyeron en su puesto histórico, sino que lo incorporaron al orden del Príncipe: el Patriarca “ya no ejercía sus funciones civiles en virtud de un derecho divino, sino que adquiría sus competencias como consecuencia de la voluntad expresa de los jefes políticos que reconocía, por su sola aceptación, como sus superiores en los asuntos no eclesiásticos”, la fe no movió montañas, pero sí logró someter voluntades, ensalzando ostentaciones, a las que no se les movía un ápice de vergüenza, cuando cerraban pactos cuyas consecuencias pagarían los débiles, se trataba, en definitiva, de un reconocimiento mutuo de autoridad, que se traduciría en la práctica en una colaboración fructuosa entre el Príncipe y el Patriarca. Negocios son negocios…

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viernes, 10 de diciembre de 2021

María Sarkis Yazbek Murad Murad de Murad - LA PERDIDA

La pérdida.

 

El calor de ese diciembre recrudecía en el silencio de las primeras horas de la tarde, donde el dolor protagonizaba la totalidad del momento. El cielo limpio y una brisa constante alentaban los ardientes rayos de sol que se incrustaban sin cesar en la galería del patio resecando todo lo que a su paso quemaba. Sin piedad y como imponiendo presencia exigía que las mujeres, balde tras balde, mojaran los pisos y las plantas para que el caliente viento se fuera transmutando en agradable brisa. El calor menguaba con el paso de la tarde a la noche y la oscuridad traía la zozobra y los temores del dolor presente en la carne del hombre y el corazón y pecho de los otros; los que cuidaban de él y esperaban el milagro, ese que dicen viene con la Navidad.

Junto con la Navidad de ese año llegó su hora y el mismo día murió. Y sí... ¿porqué no morir en Navidad? Para quien “quiere”, duele tanto que alguien muera un día cualquiera o en Navidad; los afectos no miran fechas ni se atan a festividades, no conocen credos. ¡Los afectos simplemente quieren (como si querer en este caso fuera poco), pucha! que respetable suena aquí esa palabra... si se me erizan los pelos al pronunciarla y me tiembla el pulso al escribirla. Es muy fuerte tomar conciencia que a ese alguien al que queremos, no lo veremos más, que se murió, que solo nuestro recuerdo y nuestra imaginación nos lo hará presente. Recuerdo de todos sus momentos de vida e imaginación del hoy si estuviera; un juego de verdades e ilusiones que combinados nos quitan un suspiro de nostálgica alegría.

La vida se tornó sepia y en rigor de costumbre así lo hizo propio, honrando su nombre y pregonando con su ejemplo. A más desgarrador el relato, más intenso su compromiso en los detalles cronológicos. Hasta su postura corporal acompañaba cada gesto y cada frase. Tenía la capacidad de envolver con su decir todo lo que la rodeaba. Era como ver una película, ser parte de ella, transitar todos los recovecos y los laberintos de su camino, camino que muchas veces acompañé en la escucha e interpretación de sus relatos y algunas, transité junto a ella, por ejemplo, semanalmente, rumbo al perdido cementerio, con un gran ramo de retamas amarillas o laureles rojos y blancos, para homenajear a su marido, muerto ya sabemos cuándo. Aunque lo pareciera, no se trataba de una rutina, no se repetían los sucesos, ni la ruta, ni las historias que acompañaban esos pasos.

Queda sola con su hijo de once años y una criada hija de la vida, apenas sabiendo el idioma, analfabeta, intenta infructuosamente continuar con el almacén de ramos generales, hasta que decide cerrarlo y dedicarse a lo que sí sabía hacer, sembrar la tierra, cosechar sus frutos, elaborarlos, criar sus gallinas y continuar. Fueron años duros, muy duros, de mucha austeridad, pero su perseverancia y tesón dieron sus frutos. Para ese entonces era doña María, respetada por la mayoría, el resto la envidiaba e intentaban ignorarla por sus propias mezquindades. Fue pilar incondicional del crecimiento de su hijo y de los criados ajenos, pero ya propios. Reconoció como testigo a las arrugas propias, reflejadas en los vidrios azotados por el reflejo del sol de las tardes, pero también en el espejo de la cómoda de su cuarto, que la recibía ni bien dejaba el lecho cada mañana, o cuando regresaba a acurrucar sus recuerdos en los sueños. la vida le devolvió una pequeña parte de lo arrebatado, dejando que mas allá del presente su existencia no pasara desapercibida. Pese a todo, la humildad fue su estandarte, y con él llegó a conquistar sus batallas.

Un tenue hilo de luz se filtraba por la alta ventana de dos hojas, con vidrio repartido y postigos de madera maciza del cuarto donde resguardando sueños, dormía. Era el día amaneciendo, un día que sucederá a otros y otros, mientras su vida transcurre y los años pasan, donde tomo conciencia de su existencia, donde pasa de todo, silencios, comentarios, miradas, indiferencias, enfrentamientos, falsedades, combos de todo tipo y a gusto de cada consumidor, hasta que me reconozco pertenecer, la reconozco como Mi Abuela, iniciando un camino de reconocimiento mutuo, habidos de entendernos, de aprender y enseñar, de desconectarme como ella y navegar junto a ella, a la deriva, entendiendo que su guía me protegía, desconectarme de los prejuicios y las mezquindades, de la soberbia y la estupidez, aprendiendo a tejer la coraza que ella tenía frente a esos calificativos agraviantes de lo cotidiano, curtiendo el temperamento, reglando mis propias reglas de compleja familiaridad recurrente, un receptor de ambos lados de una estúpida grieta, con la que aprendimos a convivir sabiendo que siempre existiría, más allá de nuestros esfuerzos o deseos, donde más crecía y mas me afianzaba a su sabiduría, más entendía sus silencios, más capitalizaba sus comentarios, pero ese desconectarme no bastaba y a pesar de los años, el volver a los mandatos ya no era casual sino consecuencia, una consecuencia de múltiples factores que facturaban  a sabiendas que afectarían el patrimonio y cuyo costo insistirían cobrar sistemáticamente, como todo lo facturado producto de los comportamientos sabios o erróneos, pero comportamientos al fin, tejedores de simple orfebrería.

Ese tejido fue modificado aquél día en que un joven seminarista desconocido llega al chalet de la calle Alsina, deseoso de encontrar paisanos que hagan menos penosa su estancia en esa lejana Patagonia, a miles de kilómetros de su amado Líbano, y me pregunta con voz amable y en un español mal hablado, pero entendible, si allí vivía la familia en cuestión, a lo que asentí, y entrando en la casa, voy en busca de María, que dedicadamente destejía un suéter de pura lana de cabra, para volver a tejer, sabe bien qué otra prenda, y viene a mi encuentro y los presento, aunque de ahí en más me fue difícil entender ya que el diálogo en un 90% es en árabe; diálogo conmovido, por momento sonriente, mayormente serio, por momento con lágrimas, intenso, donde el joven atendía el relato, que en un continuar hablando, me pide papel y lápiz, lo traigo y veo como comienza a redactar una carta, en árabe, dictada por una mujer a la que ese día, ese joven, le cambiaba la vida, le traía después de 50 años, una brisa fresca, que con los meses se convertiría en un vendaval de alegría. Así pasaron horas, horas en las que el ambiente se llenó de alegría y misterio, en un viaje de preguntas y respuestas para atesorar el paso del tiempo y sus cambios de escenarios, donde la estafeta postal, el Correo, por segunda vez vuelve a ser protagonista en la vida de esa mujer y en los suyos, que acompañamos con felicidad, intrigas e incertidumbre el destino de esa carta, que luego de ser leída con gran asombro en destino, fue remitida a un lugar de Uruguay, donde con grata sorpresa responden tres meses más tarde, describiendo y actualizando las ramas de ese árbol genealógico, que emocionó a María y la llenó de felicidad y amor, recompensando tantos años de cierta soledad y silencio, recompensada ese mismo año, con la visita de sus sobrinos que vivían en Uruguay, colmando sus expectativas en esos abrazos, miradas, escuchando sobre sus hermanos en oriente y occidente, el crecimiento, los años, la vida, y sus suspiros no dejaban de acongojar su alegría ante cada relato que emocionaba a los relatores y rebotaban en mas abrazos y bendiciones, como queriendo cobrar revancha a los años y reclamar los afectos atesorados y no demostrados, poniendo en carne viva al deseo y dando crédito a tantos rosarios con sinceras intenciones por cada uno de aquellos y estos, rosarios que para la fe de esa mujer cosechaban la mejor de las siembras, la recompensa del estar.

La felicidad recibió un sunami preanunciado… Un día me cuenta un sueño, donde estando a la orilla de un río, correntoso, pero no temerario, típico de la montaña, enmarcado por tupidos bosques, con un cielo celeste plomizo y sereno, ve a su hermana saludarla desde la otra orilla, agitando su mano, sonriente, la ve partir y ella despierta, sobresaltada, un tanto abrumada, como en un mal presagio, que yo trato de disipar, contrarrestando ese mal pensamiento, con un bello recuerdo de Hana, madre de dos de las sobrinas que la visitan, Mentha y Mountaha. Pasa poco menos de un año y viajamos todos a conocer al resto de la familia, y pese a que se trató de ocultar, el secreto se filtró y María se entera que ese día del sueño, su hermana Hana, que vivía también en américa, sin que ambas supieran, había muerto. Ya nada fue igual, la vida continuaba para todos, pero en ella se notaba una pausa, un quiebre, un desgarro difícil de remontar sin vientos de vida, sin fuerzas para correr tras el hilo de barriletes de otros tiempos, giró el sendero de sus planos, chocó de frente con un cáncer, no la asustó, lo vivió y lo padeció meses, en los que fue comiendo su salud, sin ejercer tanta resistencia, su fuerza debilitada por los años no ayudó, hasta que una tarde noche de un 18 de julio del año 1977, en mis brazos y dándome su bendición en árabe, cerró sus ojos y con ellos su historia.

Si debiera hacer una síntesis acotada de su tiempo, sin lugar a duda diría que su vestimenta es el fiel reflejo de su vida. Minimalista, natural, simple, austero, coherente, con carácter y con una estética que marcaba su personalidad y la diferenciaba del resto,

Ella era María Murad Murad de Murad, hija de Camela Yazbek Murad y José Sarkis Murad, nacida un 18 de abril de 1891, mi Abuela.

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miércoles, 10 de noviembre de 2021

María Sarkis Yazbek Murad Murad de Murad - LA CONVICCION

La convicción.

 

Un capítulo no menor fue el insertarse en el almacén de ramos generales de Jorge, su marido, que a su llegada convino que su lugar era puertas afuera del negocio, dedicándose a las “tareas hogareñas”, rol que por mandato el hombre asignaba, pero María no se trataba de cualquier mujer, era alguien a quien la vida le otorgó herramientas, la capacitó para salirse de esos ancestrales preceptos, a desconectarse del sistema, demostrando que las diferencias no eran más que perversa retorica patriarcal, cruel y lastimosa, cuyo resultado transcribió en los hechos y sin saber el idioma, colaboraba luego de observar por repetición como se hacía cada cosa, aunque en más de una ocasión se notaba su impronta. Ese observar tenía implícito un estricto control de todo. Nada estaba librado al azar, al punto de llevar un registro mental de los ingresos. Ya que su analfabetismo no le permitía leer los libros de caja. Todo un tema, ya que de eso no se hablaba. No era de su incumbencia, hasta que logró romper esos usos y metió mano en la caja. No por motivos mezquinos, sino por el objetivo primordial que su corazón le reclamaba día a día, momento a momento, instante a instante; lograr juntar el dinero necesario para traer a su hija. Dinero del que hablaba con Jorge y al que él esquivaba por sentimientos encontrados con sus sobrinos a los que había tomado cariño después de tantos años y ahora con el nacimiento de su hijo varón. Pero nada justificaba y era excusa para María, Jamás declinaría.

No se lo perdonaría nunca.

Como no se hubiese perdonado ni dudó, cuando quisieron en plena guerra, cambiarle a su pequeña hija por un plato de trigo, sí, parece inconcebible, pero el hecho existió, una familia que no tenía hijos vio la oportunidad y lo intentó.

Volvamos a esos años en medio de esa guerra que no medía su capacidad de fuego, ese tiempo en el que la escases de alimentos tocaba todas las puertas, momentos en los que se aprendió a comer yuyos con tan solo un poco de aceite, sin sal obvio, porque la sal era un bien muy caro, tan caro que logró alto valor de cambio, y esa fue la razón por la que se escabullía en los trenes que iban a los pueblos costero, logrando traer ese preciado condimento, que ella misma recogía en arduas y dolorosas horas de trabajo, con una cesta de paja, donde zarandeaba el agua de mar para recolectar en cada cedazo una muy pequeña cantidad, repitiendo esa rutina por horas, sintiendo como su piel se ardía expuesta al sofocante sol y al agua de mar.

Con la ayuda de un pariente, también Sarkis, llega hasta la estafeta postal, con el fin de saber cuánto contaría traer a su hija. Regresa al día siguiente, entrega el monto necesario y camina de regreso a la casa con la euforia del paso dado, con su corazón rebosante de esperanzas.

Pasan varios meses antes de que su hija llegue. Es que al parecer “alguien se quedó con un vuelto de su dinero”, el pasaje de Cecilia tuvo destino Montevideo y no Buenos Aires. Por eso es por lo que desde su llegada a América tuvieron que pasar tres largos meses antes del reencuentro. La adolescente debió trabajar para poder costear el billete que la llevaría a destino. Fue una familia libanesa que se conmovió y la rescató del puerto uruguayo, llevándola a su casa y ofreciéndole labores domésticas que conllevaran su paga, albergue y comida.

A partir de ahí, ya en suelo argentino, los cuatro tuvieron que reaprender a reconocerse, a sentirse familia y crecer. Sabido fue que el destino de Cecilia se digitó según los mandatos ancestrales. Aunque ese mismo destino apuró los tiempos y se precipito como un alud inmanejable, como una catarata repentina en el manso río, todo fue tras todo y a pesar de todo, llevándose partes, desmembrando…

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domingo, 10 de octubre de 2021

María Sarkis Yazbek Murad Murad de Murad - EL ESFUERZO

El esfuerzo.

 

Cómo costaba encajar en esta nueva tierra..., cómo aprender a vivir cada día sin ese entorno propio... y día a día construirlo como sea posible conviviendo con lo nuevo y afianzando sus costumbres; así, de a poco, como una cuña que momento a momento va incrustándose en la nueva tierra, hasta ser parte de ella, así, María va mezclando su día y sus años, con lo que traía. Porque todo era tan distinto al decir del idioma... que, desde el paisaje, el ritmo y las costumbres modificaban diariamente sus momentos. Comunicarse con la gente costaba esfuerzo, risas y muchos enojos. Su principal lenguaje en ese tiempo fue el de señas y monosílabos que en la mayoría de los casos mal pronunciados lo complementaban, entender significaba todo un tema aparte, ya que en muchos momentos se lograba, o se acudía a la intuición como único modo posible de entendimiento. Esa intuición y el perseverar, la llevan a lograr una no despreciable convivencia con los lugareños que, poco a poco fueron convirtiendo las risas en apoyo haciendo que la forastera transformara sus enojos en palabras. Junto a la nueva vida y con un incipiente diálogo transita una etapa dura y plagada de descubrimientos, que con mucha rapidez fue atesorando para enfrentarse a “la américa”. El cambio era grande. Tan grande era el cambio que hasta lo simple y cotidiano se tornaba complicado, desde entender la moneda hasta conseguir las especies para preparar sus recetas fue costoso; pero con el tiempo las complicaciones se fueron disipando y como un claro amanecer de primavera donde el sol renace con la pulcritud del alba y el día florece abriendo sus pétalos a la luz para fotosintetizar su existencia, María comenzó a revertir el proceso y enseñando su sapiensa, como pudo, se entremezcló con sus pares dando a luz una nueva etapa de su historia. Ya había gastado todas las especies que traía su baúl, pero iba descubriendo otras, plagando su cocina de nuevos olores, nuevas raíces, nuevos brotes y semillas. Para ella todo en “la américa” era mucho, grande, abundante y hasta en cierto modo interminable. Excepto lo que su corazón aún no lograba completar.

La abundancia, no solo enmarcada por un vasto territorio infinitamente más grande que su terruño natal de unos 10.000 kilómetros cuadrados; sino por lo virgen y fértil de sus campos y lo acaudalado de su río, distinto a su Líbano, donde la siembra era mayormente en terrazas o en pequeños solares, allá donde sacrificar un borrego era una fiesta anual y valorada. El contraste era desproporcionado y hasta carente de lógica para ella. La casona de la calle ancha que crecía en ladrillos, apilados al mejor estilo occidental, de ventanas altas y puertas dobles era una muestra. Aquí la siembra era próspera y se daba en grandes latifundios, el ganado pastaba por cientos, la carne era el plato principal de la dieta patagónica, todo se daba en lo prometedor de sus siembras y en lo prolíferas de sus manadas, y tuvo ante su asombro una fauna y flora nueva para descubrir.

Desde esa casona de la calle ancha hasta el pueblo viejo y desde ahí hasta la vera del río, caminaba María para juntar bolsas de pétalos de rosa silvestre con los que hacia agua de azahar. Recogía hierbas, frutos y hongos. tomando todo lo que esa naturaleza virgen le ofrecía, y la mayoría de los lugareños, por ignorancia o comodidad, no aprovechaban. Su analfabetismo no impidió que capitalizara todo lo vivido en la guerra y lo que había significado transitarla.  Así transformaba, y al hacerlo enseñaba y al hacerlo aprendía y hacía. Porque también aprendió mucho de esos lugareños apáticos al principio, pero familiarizados a partir de descubrir su existencia. La existencia de manos que con primaria y rudimentaria simpleza convertían la uva en vino, la aceituna en aceite, los frutos en conservas y los pétalos de rosa en agua de azahar, manos con las que amasó el barro y que también amasó el pan, manos que recolectaban miel, que sembraron los surcos, que cosecharon, afirmaron y también acariciaron.

Su casa fue creciendo en ladrillos y en gente al igual que su huerto en el que en pocas cantidades logró concentrar una quinta entera con su correspondiente granja en la que crio y cosechó en grandes cantidades, naciendo así el aceite, el vino, las especies, las conservas y los tejidos de María, la turca. Creció en gente con la llegada de un hijo de sangre primero y de varios de la vida... de esos que llegan al momento y pasan a formar parte de los afectos y las preocupaciones propias de un vástago.

¿Por qué a los árabes, sean sirios, libaneses o de otro sitio de oriente próximo, se los llamaban turcos? Debemos recordar que, en el contexto histórico de la mayor corriente migratoria, de esos países a américa, todos ellos formaban parte, como provincias, principados o administraciones de la expansión del Gran Imperio Otomano, la Gran Puerta, el imperio turco, y si ahondamos en preguntarnos ¿por qué a muchos de esos árabes, se los llamaba sirio-libaneses? No escapa de la descripción anterior, ya que el Imperio moldeó sus fronteras y divisiones internas entre sirios y libaneses peinando y despeinando límites.

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domingo, 5 de septiembre de 2021

María Sarkis Yazbek Murad Murad de Murad - JORGELITO

Jorgelito.

Parte de esta historia. Dentro de la historia.

 

Aquí también me atrevo a entrelazar en la historia, la vida de quien terminó siendo su orgullo, recuerdo haber escrito al principio, que la vida de María se caracterizaba por mostrarse con simpleza llana pero con convicción y sin vergüenza, por eso es que debo diferenciar ese orgullo que no siempre fue recíproco, ya que, por una insegura razón, fueron puntuales las demostraciones, pero todo tiene un costo en la vida, la vida pasa facturas, y él al reconocer, pagó bastante caro su reconocimiento, con el agravante que marcó con esa misma inseguridad a su propia descendencia. Simplemente así y sin entrar en detalles se resume ese vínculo, que a solas era una cosa y en lo público otra; sin ser casual y parangonando recuerdo haber leído, que la consolidación como país de la República Argentina aún hoy no goza de acabado reconocimiento historiográfico como tal, a más de dos siglos de detectadas las primeras presencias en Buenos Aires de individuos del Oriente próximo y esa ausencia de reconocimiento implica un tipo de negación simbólica que bloquea la posibilidad de que los datos registrados por la historiografía inmigratoria sean empleados para una reconstrucción de la imagen del pasado argentino, acorde con su diversidad cultural y religiosa, por tanto, inclusiva de un retrato diferente de los argentinos-árabes, siendo el retrato de la naciente república, elaborado por sus políticos fundadores, sobre la base de los paradigmas europeos de civilización y progreso del siglo XIX, pensamiento orientalista incluido, que alimentó el mito de que sólo con inmigración europea era posible consolidar a la Argentina como nación, y como ejemplo tenemos a Juan Bautista Alberdi, que en sus “Bases y puntos de partida para la organización política de la República Argentina”, que sirvió de base para la redacción de la Constitución Nacional de 1853, expresa:  …“Nosotros, los que nos llamamos americanos, no somos otra cosa que europeos nacidos en América. Cráneo, sangre, color, todo es de fuera. …En América todo lo que no es europeo es bárbaro, no hay más división que ésta: 1°, el indígena, es decir el salvaje; 2°, el europeo, es decir, nosotros, los que hemos nacido en América y hablamos español, los que creemos en Jesucristo y no en Pillán (dios de los indígenas)”. Si bien dicha Constitución en su prólogo hace referencia a “todos los habitantes del mundo que quieran habitar el suelo argentino”, en su art.25 aclara, “El Gobierno federal fomentará la inmigración europea…”, infiriendo que no se deseaban inmigrantes de Medio Oriente o norte de África, es más, si nos fijamos en la obra escrita por quien fuera el segundo Presidente de la República, después de sancionada esa Constitución, Domingo Faustino Sarmiento, en su obra “Facundo”, civilización o barbarie, haciendo un paralelismo de lo local con los clásicos estereotipos orientales, no solo mantiene el domicilio natural de la civilización en Europa, sino que establece a lo árabe y musulmán como modelo de barbarie, y en ese paralelismo entre lo moro y lo gaucho, dominación española mediante, indica la continuidad de un atraso, el rancho es la tienda, el gaucho es el beduino, el caballo es el camello, la Rioja es Palestina, Argentina es Asia y su caudillo el Mahoma de las pampas, todo eso reunido en la barbarie rosista, condensado local de la bárbara mentalidad arábiga.

Pero volvamos a él, que es quien protagoniza a grandes rasgos este capítulo, donde puedo afirmar que, físicamente muy parecido a su padre, casi un calco, su tez aceitunada, su cabello rizado, sus mismos ojos, su porte, aunque su temperamento se había forjado con parte de sus genes y gran parte de su madre, logrando conjugar una personalidad con la fortaleza materna y la diplomacia de su padre, pero nunca le pregunté si era feliz, si fue feliz. Nuestro vinculo, simbólicamente sostenido por los mandatos, no siempre fue sincero, habiendo temas de los que no se hablaban, de los que la interrupción de la vida, parecería ser el justificativo para que nunca se hablaran, porque en ningún lugar veo escrito que se hubiese mencionado, faltando años, faltando respetarse, faltando amigarse y reconocerse, pero entiéndase que no va con reproches al uno y al otro, sabiendo que la paternidad se ejerce como se puede y el ser hijo es, en parte, consecuencia de eso, pero en otra parte opciones, decisiones propias, buenas o malas, que solo la distancia y el tiempo ayudan a analizar, dando un balance con el debe y el haber, donde recuentan todas las facturas y sus costos, a veces razonables, otras veces muy caros.

Pero retomemos.

Fue un día en el que él aprovechó el silencio de la media tarde y cruzó al solar de enfrente donde lo esperaban dos de sus vecinos, con quienes siempre se escabullía a esa hora en la que el descanso por el aplomo del sol abrazaba todo el poblado, creando, fantaseando y muchas veces soñando, hoy un hormiguero podía ser la fuente de inspiración para estudiar su comportamiento de grupo, ayer una tortuga encontrada tras la maleza les había enseñado que no era necesario la velocidad, sino la astucia, todo podía ser motivo de estudio, discusiones, proyectos y juegos, se entretenían con lo simple, aunque él era al que remitían ante alguna duda, porque era quien solía pasar horas leyendo, leía todo y de todo, era un voraz consumidor de conocimiento, también escuchando todo, sintiendo esa necesidad de saber, de crecer, de superación, sin dejar de asumir ni perder de vista su realidad, no dejaba de soñar con un mañana mejor, al que estaba convencido poder acceder y al que no pensaba resignar pese a los obstáculos, que no eran pocos por cierto, porque sus amigo le habían asignado tácitamente el rol de líder, del que les recordaba o clarificaba cuando la duda los agobiaba, creían ser investigadores cuando estudiaban el comportamiento de los sapos y la diferencia con una rana, o cómo las lombrices más allá de procesar, aireaban la tierra permitiendo que las raíces desarrollen  libremente, como cuando se internaban en el monte a revisar nidos de pájaros, aunque sabían que no debían recoger los huevos y menos meter la mano sin mirar, ya que una serpiente camuflada podía morderlos. Aventureros, disfrutaban recorrer los zanjones formados por las copiosas lluvias bajando de las lomas, allí no solo construían sus refugios aprovechando sus paredes, sino que encontraban crías de cuises, liebres y tortugas, porque todos habían parido a mediados y final de primavera, ya todos disfrutaban las arenas calientes bajo el sol caliente, esa arena que había incubado los huevos de tortuga, a la que ellos llevaban a sus casas y por cierto tiempo serían sus mascotas o sus objetos de estudios, teniendo probado que quienes más duraban en quedarse eran las tortugas, ya que las liebres solían escabullirse de los precarios corralitos de ramas y los cuises cavaban cuevas desapareciendo, pero no los desmoralizaban esos sucesos, sino que por el contrario, les agudizaba el ingenio para perfeccionar la estrategia, construyendo verdaderas obras de ingeniería con lo que encontrasen, en sus casas, en el monte, en el taller mecánico del señor Félix, a quien le pedían los rulemanes para que con la ayuda del señor Mario, el carpintero, construyeran sus kartings,  todo servía a los fines de crecer, de afianzar esos vínculos de amistad, de compañerismo, sin mayores demostraciones ni necesidades, solo el saber que al otro día a esa hora se juntarían y que a la hora de la merienda, cada uno regresaría a su casa, sin más que un chau!; pero ese día su comportamiento era notoriamente distinto, errático, disperso, su mirada triste, sus ojos llorosos, acostado a pleno sol restregaba sus ojos notoriamente molesto por el intenso calor, hasta que uno de sus cómplices de aventuras desde la ingenuidad y con vos temblorosa le comenta, entre afirmación y pregunta, si era verdad que su padre estaba muy enfermo, a lo que el silencio se apoderó de la tarde, más aun que en otros momentos, sentándose y viendo como rodaba en su mejilla un llanto callado, asiente con su cabeza diciendo, mi papá acaba de morir, era un 25 de diciembre de 1936, él tenía 11 años, su padre 43, lo abraza el que primero se animó y luego el otro logró imitarlo, aunque con miedo, porque veía que su llanto silencioso no cesaba y eso lo asustaba, el otro corrió a su casa a avisar a su madre, y esta avisó a otra y a otra y a otra, hasta que la noticia se hizo pueblo, el turco del almacén de ramos generales, que acopiaba cueros, había muerto, justo en navidad, justo cuando los católicos festejan la vida, los niños se ilusionan con sus regalos y la iglesia trata de sumar creyentes a sus rediles, aunque sus compinches se preguntaban por qué él estaba allí, en el solar de enfrente, lo que su limitado razonamiento de niños no les permitía entender es que cada cual enfrenta situaciones como puede, no como debe, al hacerlo como puede, logra procesar con mayor naturalidad que quien lo hace forzado por el deber ser, es interesante como debieron pasar años, para que esa pregunta surja en la mesa de un café, cuando justamente él les anunciaba que luego de sus estudios, parte cumplidos, parte frustrados, regresaba al pueblo para reabrir el almacén de ramos generales que había sido de su padre y a seguir sus pasos en la compra venta de cueros y lanas de los campos de la zona, ahí entendieron que no siempre es necesario exponerse sin tener claro por y para qué, que es preferible reflexionar antes de opinar y procesar antes de decidir, él entendió en su momento que la mejor manera de acompañar a su madre era dispensándola de una carga más, pues verlo ahí le cargaría un significante innecesario, por eso es que se cruzó al solar, para que sus 11 años pudieran iniciar un proceso nuevo, para atesorar 11 años de su padre, para grabarlos a sabiendas que serían su mejor legado, ya vendría tiempo para hablar con su madre, ya sería el momento de decidir sobre el futuro, al hoy no le debía exigir otra cosa, sus 11 años no podrían cargar una mochila más pesada, aunque cargó la suya prometiéndose que se forzaría por crecer pese a la desazón, creciendo y viviendo en esas dos largas décadas que lo separaban, en las que gracias al apoyo de su tutor se empeñó en estudiar y trabajar, aunque no bastó para que pudiera culminar sus estudios universitarios, truncados por la premura económica, llevándolo a tomar la decisión que relata en ese café, contando que además, había incursionado en política, aprovechando su carisma, sus dones de liderazgo y su gran oratoria, en parte innata, en parte aprendida de los caudillos de la época, cuenta y dice, ante el silencio de admiración de sus amigos, fieles, que asintiendo ante sus dichos lo incitan a organizar el pueblo, que ante los años de la gran depresión, no había salido indemne, sufriendo el éxodo de muchos, es como que él marchase contra corriente, desafiante y marcadamente comprometido, avanza, pasan algunos años hasta que es elegido Comisionado Municipal del ahora pueblo de Guardia Mitre, antes Coronel Pringles y su posición como hacendado respetable, presidente de la sociedad rural, sus contactos con el mundo de la política regional y nacional, lo posicionar a aspirar a más, años en los que dedicó su vida a esa pasión por los demás, convirtiéndose en un caudillo, hasta que muchos años, muchos gobiernos, lo llevan a decidir hacer un alto, cruzar al solar de enfrente, restregar sus ojos y entender que es hora de dejar de encaminar al pueblo, para encaminar su familia, necesitada de más atención, dedica de lleno su tiempo a la consignataria de hacienda y a administrar el campo y la alquería de cercanía, pero todo eso que reconsideró, no contaba con un back up de tiempo, no incluyó esa variable en su análisis, con 50 años en sus espaldas creyó soportar los tiempos que vendrían, pero el diablo metió la cola y recién cumplido los 55 años, un 23 de septiembre de 1981 murió. El era Jorge Antonio Murad Murad, hijo de María Murad Murad de Murad y de Jorge Antonio Murad Murad.

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martes, 10 de agosto de 2021

María Sarkis Yazbek Murad Murad de Murad - LO NUEVO

Lo nuevo.

 

Corre el año 1924.

Distinto aire, distinto paisaje y cielo, era el que hoy veía, y así me lo contaba con esa mirada intensa, transparente, sincera, romántica, por momentos melancólica pese al deber ser, pero firme y con carácter, profunda. Así intentaba contextualizar María su primera impresión de la nueva tierra. Tierra a la que fue convocada más por la palabra empeñada que por los afectos, que no eran pocos, pero que como en una conjura la obligaban a cumplir perdiendo... Dejaba parte de sus entrañas con esa partida, descendencia que para esos tiempos era lo único que le quedaba después de tanta perdida.

Llegó a un sitio perdido, adentrado en la Patagonia, en lo llano de una pampa, cuya particularidad era estar dividido en dos, uno el viejo, más a la vera del río, rodeado de chacras de cultivo, albergaba la Iglesia, el hospital y el colegio de monjas, mientras que el otro, el nuevo, junto a la barda, en la entrada al pueblo, desparramaba un caserío incipiente. Así fue como en esos nuevos aires de distintos olores compartió lo que vendría..., moldear ladrillos, regar esperanzas y fortalecer ilusiones. Y nada de todo eso pasaba fácilmente. Todo, absolutamente todo, le costó.

Lo más asombroso que en esos tiempos pude percibir, fue la convicción de una integridad incólumemente desprovista de fisuras.

Pese al reclamo constante por traer a su hija Cecilia, no dejó de cumplir con sus obligaciones de esposa; y así fue como a su debido tiempo, un 05 de septiembre de 1926, nace su último hijo de sangre, Jorge Antonio. Eso dio felicidad a ambos, que, junto a la llegada de su hija, pacificó las almas y dieron licencia a la angustia y zozobra de otros tiempos, sintiendo un aire fresco que fortalecía los cimientos de una familia que levaba velas en ese rumbo del sueño de la América.

En medio de esa vida que decidieron transitar, estaba la educación de Cecilia, que comenzó un derroteros de letras en dirección contraria a su arábigo natal, en un estricto colegio de monjas, en el que no solo aprendió a leer y escribir en español, sino que se recibió con orientación contable, asumiendo con dedicación manejar los debe y haber del almacén de ramos generales y toda la contabilidad de su padre y la familia, sin saber que su destino estaba signado y muy joven se casa con uno de sus primos, Antonio, hijo de José Murad, el primo de su padre.

Pero no distraigamos el objeto del relato, María.

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sábado, 10 de julio de 2021

María Sarkis Yazbek Murad Murad de Murad - EL DESGARRO

El desgarro.

 

Un día, su padre, José Sarkis, hijo de Sarkis, la llama y le anuncia que, el llamado llegó.

Tuvieron que pasar once largos, duros, dolorosos y algunos pocos felices años, para que él la mandara a buscar. Solo a ella. Habían cambiado las claves, en su corazón los códigos. En su amor de madre no cabía entender esa realidad, el tener que despegarse de su hija para viajar al nuevo mundo, ¿cómo decirlo? ¿Cómo digerir la frialdad de una decisión tomada al otro lado del mundo?, ¿cómo tener que transitar impotente ese momento de separación? Ante tal conmoción, su padre, como patriarca de la familia, habla y dice lo que será. La niña quedaría al cuidado de él.

Escuché su relato, lo pienso y aun así no logro dar dimensión a ese momento de dolor.

Los mandatos priorizan, la obediencia se torna exigente y emprende ese camino avalada por su propio juramento y cuyo objetivo estaría cumplido al momento en que se reencontrara con su hija. Hija que paradójicamente al llegar a América tenía devoción por su padre y no tanto así por su madre. Creo entender que los mandatos, la obediencia y la sumisión cumplieron su rol al pie de la letra, el patriarcado en su máximo esplendor podríamos decir, tal es así que fue casada con un pariente.

 Sí, así de crudo y así de incomprensible otra vez tuvo que callar y en silencio partir, dejando lo más preciado que tenía, viviendo en su travesía lo peor que la guerra le podía mostrar, muerte, miseria, desolación, sufrimiento.

Cuando el vapor partió, vino a su memoria la cara de su hija, la de su familia acongojada y su corazón se estrujaba de tristeza, porque en un punto sabía que lucharía por juntarse pronto con la niña, pero también era consciente que dada las circunstancias no volvería a ver a los suyos, por eso trataba de grabar en su memoria esos rostros amados, esas vidas queridas, procurando retener los mejores momentos. El primer puerto que toca su barco es Génova, donde lo único que más la impacta no es el contacto con la civilización occidental, sino el ver la cara visible de lo que después entenderá es el daño directo de una guerra, la cantidad de mujeres solas vestidas de negro. Eran las viudas de la guerra, la cruel realidad de una guerra de otros que padecen estos. La hipocresía vuelve a mostrar sus rasgos, pero en este caso manchados de sangre. Rasgos de muerte y miseria, del poderoso ante el oprimido, de la codicia, de la crueldad, de todo eso que los conflictos de tamaña magnitud saben que se dan por un propósito preexistente, que escapa al conocimiento de las mayorías involucradas por decisiones de otros. Allí también abordaron migrantes. Después no sé en qué puertos paró antes de emprender la travesía atlántica. Del trayecto de ahí a Argentina mi recuerdo es confuso. Lo hizo en las mismas condiciones que la mayoría de los migrantes, sin saber el idioma, con escaso dinero, con escases de comida y en situación de bastante hacinamiento, con la presión de la rapiña al asecho y un notorio maltrato que roza el desprecio por parte de la tripulación.

Como anecdótico, una vez en Buenos Aires pierde contacto con su amigo Masoud Chaer, de la aldea de los Chaer, vecina a Shatín (con quien viajó desde las montañas libanesas), ya que éste viajaba de polizón y al arribar al puerto, para no ser descubierto, se arrojó del barco. A él lo volverá a ver al tiempo…

En el tren que la lleva rumbo al sur de esa inmensa pampa húmeda, no logra mantener diálogo con nadie y llora por sed, hasta que el convoy se detiene en Olavarría, donde el guarda se apiada de ella y llama a un “turco” que trabajaba en la estación, para que logre entender lo que esa mujer pedía, y así llega a Bahía Blanca, donde trasborda a una diligencia, una especie de colectivo tirado por caballos, para hacer los trescientos kilómetros que la separan de Carmen de Patagones, donde la esperaba un sulky que había mandado su marido para buscarla. Él la estaría esperando a mitad de camino con un asado y un cajón de cerveza (esta anécdota me causó mucha gracia y ternura a la vez, más allá de entender el desconocimiento que tenía de ella, ya que no bebía alcohol). Es allí, de una manera tan simple pero tan significativa, donde se produce el reencuentro con su marido, de quien pienso más como haciendo un trámite, pero cerciorándose de poner en autos, pero ponerse en autos después de tantos años, con mucha agua corrida bajo los puentes, de reconocerse más allá del matrimonio y no sería fácil con una década encima que los había cincelado con muy distintas intenciones, pero tallado al fin, su carácter, su personalidad, sus experiencias, siendo los mismos siendo otros, la vida les había pasado y les estaba pasando, con ellos, más allá de ellos y a pesar de ellos.

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martes, 29 de junio de 2021

Blastos, el comienzo...

Qué son los blastos?
Los blastos son precursores inmaduros de los glóbulos blancos, estos se forman dentro de la médula ósea de los huesos y normalmente NO deben encontrarse en los estudios de sangre periférica (biometría hemática). La presencia anormal de estas células en la sangre puede significar un diagnóstico de cáncer.



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